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jueves, 27 de julio de 2017

Un móvil en la mano y una idea en la cabeza: haz cine... ¡ahora!


Hoy. 
Tomemos un artículo reciente como este que se titula El cine, ante su gran revolución gracias a la realidad virtual, que dice cosas como: 
“La cuestión es que en los próximos 10 años, los cines como los conocemos podrían dejar de existir”, aventura Julien Nicault, CEO de Cinemur...  “Es difícil competir con una versión de El señor de los anillos en la que puedes explorar los paisajes de la película, adentrarte en Mordor o visitar las casas de los hobbits”.
Es uno de los tantos artículos que nos introducen en las transformaciones que ocurren en el ámbito de la representación que camina vertiginosamente bajo los impactos de la realidad virtual inmersiva. Transformaciones tecnológicas, que cambian el estado y las formas sociales de nuestras representaciones ya no solo sonoro-visuales, sino integralmente multisensoriales. Parece ser el camino irreversible.
El artículo comienza diciendo: "Estamos como en 1905, cuando comenzaba la industria del cine. Nos encontramos en una etapa experimental, probando los formatos que funcionan, en qué locales o técnicas".  Muchas veces he comentado esta idea. Es un asunto suficiente para otro post más que permita más desarrollo, pero coincido con que son momentos con similitudes fuertes aunque aparentemente parezcan que no tienen que ver entre sí. 

Ayer. Viajemos para atrás, a los años 60, y recuerden como el cinema novo brasileño hacia suya, una

domingo, 12 de mayo de 2013

Post-cine para una experiencia social presente. Habitantes de la imagen y habitantes del cine.


Al final del libro de Robert Stam, Teorías del cine, el autor, luego de repasar los distintos abordajes teóricos que ha originado o que se han originado desde el cine a lo largo del siglo pasado, se aproxima a dar un pantallazo de lo que el pensamiento teórico tiene que enfrentar en el momento actual.
“El cine, que está perdiendo su estatus privilegiado de “rey” de las artes populares que tanto le costó conseguir, debe competir hoy día con la televisión, los videojuegos, los ordenadores y la realidad virtual”.
Quizá es más exacto decir que el cine ya hace tiempo perdió su status privilegiado en la cultura visual, aunque sea obvio que su presencia tiene aún una inmensa sombra sobre el imaginario común. Esto, siempre que estemos hablando del cine en el modelo de organización social entre quienes lo hacen y quienes lo ven, tal y como lo hemos conocido.
A definición del mismo autor, “por cultura visual entendemos un heterogéneo campo de intereses cuyo epicentro es la visión y la importancia de lo visual a la hora de producir significado, de canalizar las relaciones de poder y de configurar las fantasías de un mundo contemporáneo en el que la cultura visual ‘no es simplemente parte de nuestra vida cotidiana, sino que ‘es’ nuestra vida cotidiana”.
Quizá sea mucho decir, también, que lo visual es nuestra vida cotidiana, aunque se entiende la intención de remarcar, lo poco que podemos quitarnos de nuestra vida, el mundo visual que nos rodea.
Quizá es bueno aclarar que el oído es la otra parte del epicentro y que estamos inmersos en una cultura audiovisual y no solo visual, pero el Cine siempre se ha autodefinido, un tanto caprichosamente o por herencia de su etapa muda,  más desde lo visual que desde lo auditivo.
Párrafos más adelante nos describe el autor que “el cine se hace “inmersivo”... y el espectador está dentro de la imagen en lugar de estar frente a ella. El espectador ya no es ese supuesto amo de la imagen: ahora es el habitante de la imagen”.